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Conclusiones


Primera. No se debe olvidar que el mobiliario urbano está íntimamente ligado a la cultura de la ciudad, a sus personas. Analicemos a las personas, observémoslas con detenimiento y obtendremos los puntos de arranque que nos harán diseñar con acierto para Madrid.

Segunda. Da la impresión de que no se analizan a fondo las ubicaciones del mobiliario urbano. El uso de piezas estandarizadas y no actualizadas puede ir en detrimento de esa “nueva Madrid” que todos ansiamos.

Tercera. Arquitectos e Instituciones se tienen que comprometer con la modernidad, aprovechar las nuevas tecnologías y los nuevos materiales para modernizar la ciudad.

Cuarta. Sencillez, facilidad de estandarización, de reposición y de mantenimiento fácil no es incompatible con la belleza.

Quinta. La esencia del diseño no debe ser el elemento, sino el espacio, el paisaje.

Sexta. Los elementos urbanos deben tener una carga estética fuerte en una ciudad de fuerte personalidad como Madrid. Lo cual nada tiene que ver con lo pasajero de la moda.

Séptima. Una buena pieza no debe reflejar la personalidad del diseñador sino la síntesis de la utilidad de sus formas.

Octava. Cuanto más polivalente sea el espacio público y cuanto más favorezca el intercambio más contribuye éste a hacer ciudadanía.

Novena. El crecimiento acelerado del que está siendo objeto Madrid no debe impedir planificar ese crecimiento de la ciudad. El Ayuntamiento tiene la última palabra.

Décima. Madrid debe tender a “sustituir” en vez de “añadir” elementos urbanos. Y en esa decisión puede estar la clave de la nueva estética.


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